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[Género y agricultura] Voces del cambio: Mujeres impulsoras de la innovación agrícola en Colombia (1/2)

Posted on mayo 29, 2026

Las desigualdades de género en la agricultura: el contexto colombiano y las voces emergentes

Partiendo del análisis del género como una dimensión fundamental, aunque a menudo pasada por alto, de la sostenibilidad agrícola, datos recientes ponen de relieve una brecha de género persistente y estructural en el sector agropastoril y la industria de la caña de azúcar de Colombia.

A nivel nacional, las mujeres representan el 41,4 % de la población ocupada, pero solo el 17 % de la mano de obra agropastoril (DANE-GEIH 2024). El empleo se concentra en gran medida en categorías vulnerables, como los trabajadores por cuenta propia (56,3 %) y los trabajadores no remunerados (28 %), lo que refleja la informalidad generalizada en las estructuras laborales rurales. Esta desigualdad también se refleja en los niveles de ingresos: en 2024, las mujeres en la agricultura ganaban un promedio de 846 000 COP al mes, alrededor de un 16 % menos que los hombres (1 000 000 COP).

En el sector azucarero del Valle del Cauca, una de las regiones agrícolas más industrializadas de América Latina, las desigualdades de género siguen siendo especialmente evidentes. Según el Informe Anual 2024-2025 de Asocaña, el sector genera 286 000 puestos de trabajo directos e indirectos en seis departamentos. Sin embargo, las mujeres siguen estando muy infrarrepresentadas. En Incauca, el único ingenio que publica datos desglosados por género, las mujeres representaban solo el 5,4 % de los empleados directos en 2023. Si bien la representación femenina está aumentando lentamente en puestos directivos y relacionados con la sostenibilidad, la participación general sigue siendo limitada.

Estas desigualdades estructurales sirven de contexto para los siguientes testimonios, que ofrecen una perspectiva más realista sobre cómo se viven las dinámicas de género dentro del sector. DINOSAR se complace en dar voz a tres mujeres inspiradoras que trabajan en la industria de la caña de azúcar en el Valle del Cauca.

Las mujeres en el centro de los sistemas agroalimentarios mundiales

María Camila Valencia trabaja en agricultura de precisión y SIG, transformando datos satelitales, agronómicos y climáticos en información útil. Su labor incluye el seguimiento de indicadores de cultivos, el análisis de rendimientos, la cartografía de la variabilidad del suelo y el apoyo a la toma de decisiones mediante informes técnicos. María Camila trabaja en Riopaila Agrícola S.A., uno de los principales productores de caña de azúcar de la región colombiana del Valle del Cauca. La empresa aplica un modelo integrado que combina la producción agrícola a gran escala con la sostenibilidad y la innovación tecnológica.

Las mujeres aportamos al sector miradas y formas de trabajo que enriquecen tanto la parte técnica como la cultura organizacional. En mi experiencia, muchas profesionales que conozco trabajan con un enfoque particularmente riguroso a la hora de validar datos, cuestionar hipótesis y construir narrativas técnicas claras para audiencias diversas. Esa capacidad de traducir información compleja en decisiones accionables es central en el avance de la teledetección, porque las herramientas solo generan valor cuando alguien sabe interpretarlas y comunicarlas en el lenguaje del campo. Adicionalmente, contribuimos al construir equipos más diversos en perspectivas, integramos preocupaciones por la sostenibilidad, la equidad en el acceso a la tecnología y la formación de las nuevas generaciones de profesionales agrícolas. Cuando una mujer ocupa espacios técnicos en agricultura de precisión, no solo desarrolla análisis, también abre camino para que otras se proyecten en estos roles.

Considero que hay tres grupos de habilidades que se complementan. El primero es técnico, comprensión de los principios físicos detrás de los sensores (ópticos, infrarrojos y de radar), manejo de plataformas SIG como QGIS – ARCGIS, programación con herramientas como Python para automatizar análisis y procesar grandes volúmenes de datos, y nociones sólidas de estadística para validar resultados. El segundo es agronómico, entender la fisiología del cultivo, las dinámicas de suelo, el manejo del agua y los factores que explican la variabilidad espacial. Sin este conocimiento, los índices de vegetación se quedan en números, sin un significado biológico claro. El tercero, y muchas veces subestimado, es comunicacional, saber traducir resultados complejos en mensajes claros, honestos y útiles para audiencias diversas, desde el operario en el campo hasta la dirección de la empresa. Una habilidad transversal que abarca a las tres es la curiosidad, hacer buenas preguntas a los datos, mantener una actitud crítica frente a las conclusiones fáciles y estar dispuesta a actualizarse permanentemente. La teledetección agrícola es un campo en evolución constante, y crecer con él es parte del oficio. Adjunto a este testimonio tres fotografías que acompañan esta reflexión, tomadas
durante sesiones de socialización con el equipo de campo. En ellas se registran momentos en los que presento al personal los avances de distintos proyectos y diagnósticos basados en información satelital y herramientas de teledetección. Para mí, estos espacios son fundamentales, es allí donde la información técnica se traduce, se discute y se valida con quienes conocen el cultivo desde la práctica diaria. Sin ese diálogo, ningún análisis llega realmente al campo.

De lo que me siento más orgullosa es de haber acompañado un proceso de transformación cultural en mi equipo de campo, pasar de una cultura tradicional, en la que solo se confía en lo que se ve directamente, a una en la que las herramientas digitales de teledetección son aceptadas y valoradas como aliadas para el monitoreo y el diagnóstico del cultivo. Cuando empecé a trabajar con información satelital, existía una barrera natural de adopción tecnológica. Era comprensible, el campo se ha caracterizado siempre por el conocimiento práctico, por el ojo entrenado, por la experiencia acumulada en años de recorrer lotes. Proponer que un índice derivado de un sensor pudiera aportar a esa lectura del cultivo no era una idea fácil de instalar. Hoy, en cambio, veo a un equipo
que cree en estas herramientas, que pregunta, que investiga, que revisa sus áreas para decidir dónde ir, dónde atender primero, en qué lugar se puede ser más eficiente. La agricultura específica por sitio dejó de ser un concepto técnico abstracto y se convirtió en una forma concreta de trabajar. Ese cambio no lo logré sola. Ha sido un proceso construido de la mano del personal de campo, que ha validado conmigo la información satelital, ha salido a comprobar lo que mostraban las imágenes y ha contribuido a afinar los criterios de interpretación. Mostrarles los resultados en su propio lote, con su propia caña, fue la manera más honesta de generar confianza. Ese trabajo conjunto (combinar el criterio técnico con elconocimiento práctico de quienes están todos los días en el campo) es para mí el verdadero logro, no la herramienta en sí, sino la cultura que se construyó alrededor de ella para usarla bien.

Las mujeres impulsan la innovación en el sector de la caña de azúcar

Paula Marcela Valencia Ramírez, directora de Calidad de Operaciones Agrícolas en Ingenio Providencia, comparte su visión sobre el futuro de la agricultura y el creciente impacto de las tecnologías de teledetección en el sector de la caña de azúcar. A través de análisis avanzados, modelos predictivos y herramientas de Agricultura 4.0, explica cómo la transformación digital está permitiendo un cambio hacia una agricultura más proactiva y basada en datos.

También reflexiona sobre la evolución del papel de la mujer en el sector agroindustrial, destacando la importancia de la equidad, la visibilidad y las oportunidades de liderazgo en puestos estratégicos. Por último, anima a las mujeres jóvenes a adoptar la tecnología, el aprendizaje continuo y la innovación como motores clave para el futuro de la agricultura.

Juliana María Padilla, directora ejecutiva y fundadora de la empresa Refora – Soluciones Ambientales.

En el Valle del Cauca muchas fincas vinculadas a ingenios azucareros han pasado de un manejo familiar a operar como pequeñas y medianas empresas agroindustriales. Este cambio implica mayores exigencias en productividad, gestión técnica y cumplimiento ambiental, lo que en muchos casos genera brechas que afectan su competitividad y sostenibilidad. Refora nace para cerrar esa brecha. Nace como una empresa de soluciones ambientales que acompaña a agricultores y organizaciones del sector en la implementación de prácticas sostenibles y el cumplimiento normativo. Ofrecemos servicios integrales que incluyen trámites y permisos ambientales, auditorías, certificaciones, paisajismo y asesoría técnica especializada en el cultivo de caña de azúcar. Mi rol como fundadora, me permite liderar la dirección estratégica y el acompañamiento técnico con agricultores, así mismo continuar relacionándome con personas del sector, lo que me permite conectar la sostenibilidad y promover una visión más estructurada de gestión en el sector agrícola.

La teledetección tiene un alto potencial en el sector agroindustrial especialmente en el monitoreo de cultivos, gestión del recurso hídrico y toma de decisiones basadas en datos. Aunque su adopción ha venido creciendo, aún existe una brecha en su implementación de manera integral. El desafío está en traducir estos datos en acciones concretas en campo que se vean reflejadas en incremento de producción y así mismo sostenerlas en el tiempo.

Ha sido una gran experiencia para mí, la cual valoro, porque allí me he podido desarrollar y sigo creciendo cromo profesional.
Considero que en la actualidad la agroindustria de forma consistente y progresiva, ha logrado superar en gran medida superar las diferencias de género. Si bien las mujeres hemos ganado un lugar por nuestras competencias, conocimiento, talento, preparación profesional y capacidad de gestión, aun falta camino para que tengamos más espacio en cargos directivos y gerenciales.